La UNVES avergüenza a Villarrica

ABC Color. Asunción: El 24 de agosto pasado, desde esta columna urgimos la integración del Consejo Nacional de Educación Superior para que, en virtud de la Ley de Educación Superior, dispusiera cuanto antes la intervención de la Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo (UNVES). Dicha medida legal estaba más que justificada por las graves irregularidades que, según denuncias, se estaban y se están cometiendo en esa universidad y que se resumían en la práctica descarada del nepotismo, el nombramiento de profesores, investigadores y funcionarios sin concurso previo de títulos, méritos y aptitudes, entre otras cosas. El escándalo continúa, de modo que la intervención resulta no solo necesaria, sino también impostergable. Es espantosa la vergüenza que el clan que se apoderó de la UNVES le está haciendo pasar a Villarrica. Los propios guaireños no deberían continuar permitiéndolo.

El 24 de agosto pasado, desde esta columna urgimos la integración del Consejo Nacional de Educación Superior para que, en virtud del art. 9, inc. g, de la Ley de Educación Superior, dispusiera cuanto antes la intervención de Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo (UNVES). Dicha medida legal estaba más que justificada por las graves irregularidades que, según denuncias, se estaban y se están cometiendo en esa universidad y que se resumían en la práctica descarada del nepotismo, el nombramiento de profesores, investigadores y funcionarios sin concurso previo de títulos, méritos y aptitudes y el ejercicio de la docencia en más de dos disciplinas, en un mismo periodo lectivo y en la misma unidad académica. El escándalo continúa, de modo que la intervención resulta no solo necesaria, sino también impostergable. Cada día que pasa significa que se mantiene un estado de cosas absolutamente intolerable, tanto para los estudiantes como para la comunidad nacional.

El flamante Consejo aludido realizó su primera sesión el 1 de noviembre, así que el clan familiar que maneja la UNVES se apresuró a promover una acción de inconstitucionalidad contra la ley antes citada, alegando que atentaría contra la autonomía universitaria, es decir, contra la posibilidad de que el rector José Félix González y su parentela sigan haciendo lo que se les antoje. La iniciativa, que apunta a impedir la intervención ya solicitada por alumnos de la universidad, aún no ha sido resuelta por la Corte Suprema de Justicia. Que sepamos, ella no ha suspendido los efectos de la ley con relación a los accionantes, de modo que nada impediría que se tome la medida que imponen la moral y el Derecho. Como los deplorables hechos que la justifican son de conocimiento público, los miembros del Consejo no tendrían necesidad de realizar alguna investigación previa.

Hay hechos nuevos, por cierto. Ocurre que las autoridades de la UNVES no se limitaron a impugnar la ley, sino que prosiguieron con sus despropósitos. El 30 de diciembre, el jefe de la familia cerró tres facultades para impedir, presuntamente, que la decana de una de ellas –la de Plataforma Digital– se atreviera a disputarle el rectorado, tan redituable para él y los suyos. Otra de las facultades cerradas –la de Ciencias Agrarias– tenía como decano al esposo de la supuesta aspirante; hasta octubre de 2013, marido y mujer ejercieron también, respectivamente, la Secretaría del Consejo Superior Universitario y la Dirección General Académica. La tercera facultad cerrada –la de Ciencias Básicas– estaba encabezada por una persona allegada a estos. Es interesante señalar que la Facultad de Ciencias Agrarias fue fusionada con la de Arquitectura, con lo cual nació la Facultad de Ingeniería y Arquitectura. Todo esto parece un chiste de pésimo gusto, pero el disparate no termina aquí. En efecto, la medida del rector, que no está incluida entre las atribuciones que le da la carta orgánica de la UNVES, fue homologada por el Consejo Superior Universitario, del que forman parte, como decanos, su esposa María Rosa de González, su hijo José Manuel González, su nuera Noelia Santos y la hermana de esta, Gloria de Torres. El solidario clan familiar cobra en total nada menos que 100.614.434 guaraníes mensuales, gracias a que el jefe y su esposa tienen juntos 20 rubros, el hijo doce y la nuera nueve. Es comprensible, pues, que la imprescindible intervención de la gallina de los huevos de oro le moleste mucho, ya que implicaría la suspensión automática y temporal de las autoridades de la UNVES, aparte de que podría desembocar en la clausura de la universidad, según los arts. 90 y 91 de la Ley de Educación Superior. Encima, ella no está al servicio de la familia solamente, sino también de sus allegados, entre los que figuran dos hermanos de la nuera del rector, así como su esposo, el exgobernador Esteban Torres, quien ejerce cátedras por semestre, aparte de ser director de Obras.

Como se ve, en la UNVES hay personas unidas por lazos familiares, a las que no les falta tiempo ni idoneidad para cumplir múltiples tareas docentes y administrativas.

Del tan grotesco estado de cosas referido surge la cuestión de cómo se pudo llegar a tales extremos, siete años después de la creación de la universidad. ¿Cómo se pudo ir armando nada menos que en Villarrica del Espíritu Santo, madre de tantos intelectuales paraguayos ilustres, un coto familiar inescrupuloso para la caza de cargos académicos y administrativos, sin que nadie haya tratado de impedirlo? Al aprobar los presupuestos de la UNVES, ¿no se ocupan los senadores y diputados de la Nación de averiguar cómo es gestionada, después de tantas quejas y publicaciones? Resulta que han venido siendo muy generosos con ella, según se desprende de la evolución de su presupuesto: si en 2008 era de 9.022.459.334 de guaraníes, hoy llega a 45.384.941.995. Consecuentemente, si en aquel entonces tenía 286 docentes y funcionarios, ¡hoy tiene 2.145: 1.968 de cargos docentes y 177 de funcionarios! Pese a las denuncias publicadas a más tardar en agosto del año pasado, los legisladores aumentaron la suma prevista en el proyecto del Poder Ejecutivo, que llegaba a poco más de 44.273 millones de guaraníes, y crearon para este año 290 cargos, aumentándolos en un 15,6% respecto al año pasado. En los años anteriores, algún papel habrán jugado en el crecimiento presupuestario los exdiputados guaireños Cándido Aguilera (ANR), Gustavo Mussi (ex-Unace) y César Garcete (PLRA), a cambio de la instalación de sus respectivos parientes y clientes en la UNVES. Los dos últimos inclusive figuran como docentes, por lo que habría que preguntarles a los estudiantes qué enseñan y cuándo.

En toda esta tragicomedia hubo silencios y complicidades, en perjuicio de los 4.000 estudiantes de la UNVES y, sobre todo, de la calidad de la formación universitaria. Los miembros del Consejo Nacional de Educación Superior tienen el deber de poner fin cuanto antes a tan vergonzoso escándalo para que no exista la pregunta de qué es lo que pueden aprender los estudiantes de unos “profesores” mediocres, emparentados y cubriéndose entre sí, que ejercen diez o más cátedras y, de paso, algún cargo administrativo, sin haber pasado por ningún concurso de títulos, méritos y antecedentes.

Es espantosa la vergüenza que el clan que se apoderó de la UNVES le está haciendo pasar a Villarrica. Los propios guaireños no deberían continuar permitiéndolo.

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