Alarmado el Rey de España
Felipe IV, por los informes recibidos sobre las
frecuentes y desastrosas entradas de los paulistas
en el Guaira, dió en Madrid con fecha 12
del mes de septiembre de 1628 una Cédula
Real por la que ordenó a los gobernadores
del Río de la Plata tomaran las medidas del
caso para evitarlas en los succesivo. Dijo en referida
Cédula: "...que muchos de los portugueses
de la Villa de San Pablo que es el primer pueblo
del Brasil diez jornadas de las postreras reducciones
contra toda piedad christiana viene cada año
a cutivar los indios de ellas y los llevan y venden
en el brasil como si fueran esclavos esto con tanta
crueldad que a los mismos viejos que no pueden caminar
los matan y dan de comer a sus perros"... "se
procure aplicar el remedio combeniente para evitar
y castigar con grandes demostraciones los delincuentes
y personas que se ocupan y entienden en las dichas
crueldades".
Pero las autoridades
del Río de la Plata no cumplieron esta disposición
real no los "bandeirantes" brasileños,
que en aquel tiempo eran súbditos del mismo
Felipe IV por estar anexado Portugal al imperio
español, suspendieron sus devastaciones;
aquéllas por indiferencia y falta de un poder
superior coordinador y fuerte y éstos porque
cumplían, como ya dijimos, un destino oculto
de la historia que los brasileños, con razón,
lo enaltecen hoy, porque "si Portugal desaparecera
do quadro das naçoes independentes, o genio
do seu povo se matinha atrevido ultra equinotialem,
e impaciente por despicar-se dos agravos sofridos
na Europa".
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*Nota: Todos los escritos
en los cuadros fueron extraídos de la obra
"El Guairá, Historia de la Antigua Provincia"
del autor guaireño Ramón
I. Cardozo. |