Contradicción
de los Guaireños
El 25 el Maestre de Campo y Teniente
de Gobernador y Justicia Mayor de la Villa Rica del
Espíritu Santo, don Rodrigo Ortíz de
Melgarejo, presentó en nombre de los vecinos
y encomenderos de la Villa, una petición escrita
al Gobernador General para que no diera curso a la
solicitud de los caciques Nicolás Tayaoba y
Luis Maendy, quienes, en representación de
otros caciques de la Provincia, pidieron que fueran
expuestos "en cabeza de su magestad", es
decir, ser declarados libres de las encomiendas para
quedar únicamente sujetos a pagar los tributos
al Rey, porque tal medida causaría agravios
a los encomenderos que hace más de sesenta
años, cuando la Villa se pobló por Ruy
Díaz de Melgarejo con poderes del Adelantado
Juan Ortíz de Zárate, poseen sus encomiendas,
que en caso de denegación de justicia de parte
del Gobernador ocurrirían a Su Majestad el
Rey y a su Real Audencia para que les sean restituídas
las mercedes. En esta presentación, además,
los encomenderos hacían oír sus veladas
quejas en contra de los jesuítas a quienes
atribuían la dirección espiritual de
los caciques poticionantes, como expresión
de la lucha enconada, aunque sorda, entre encomenderos
y jesuítas que iba tomando cuerpo en perjuicio
de la estabilidad y prosperidad civil y religiosa
de la Provincia del Guaira. Firmaron la petición
de los villarriqueños, los encomenderos Rodrigo
Ortiz de Melgarejo, Carlos de Vera y Aragón,
Diego de Silva, Agustín Alvarez, Manuel Cristaldo,
Lorenzo de Villar, Felipe Núñez, Francisco
de Villalba, Hernando Troche, Juan Jara del Corral,
Agustín del Campo, Juan Alvarez, Luis de Castro,
Manuel Duarte, Francisco Garcete, Gaspar Sánchez,
Felipe Villalba, Juan Guillén y Francisco Vázquez.
En esta ocasión se ventiló
la enojosa cuestión de que las reducciones
fundadas por los jesuítas en las tierras de
Ybytyrmbeta, e Yñe-é-y
eran a expensas de las encomiendas de los conquistadores.
San Javier, Santo Tomás, Arcángeles,
se poblaron con indios ya reducidos por los españoles
con grave perjuicio, naturalmente, de los encomenderos
quienes veían menguados sus intereses con el
abandono de los indios por preferir éstos la
dulce esclavitud a cargo de los padres a la de aquéllos.
Muchas poblaciones o colonias de naturales formadas
por los pobladores de la Villa Rica, tales como Santa
Ana, en la boca del Yñe-é-y,
Ytupe, de Santo Tomé, Ybyaty-güy,
Cuña Mingura y Tucura, se despoblaron por el
cambio de residencia de los indígenas.
Por tal motivo, las relaciones entre
los padres y el Gobernador se enfriaron. Céspedes
expresó que se había abstenido de visitar
las reducciones del interior, sobre todo de Tayaoty
para no alborotar porque así le habían
avisado aquéllas. Durante su estada en la Villa
Rica, todos los caciques se presentaron a rendirle
vasallaje menos el de Tayaoty, quien "se volvió
del camino sin llegar a esta Villa ni cumplir con
su deseo", pero por mandato del Capitán
Felipe Romero, el referido cacique se presentó
ante el Gobernador quien le mandó "hacer
solemne recibimiento con mucha salua de arcabuçería
y otros regocijos y le mandó sentar a su lado
en donde oyo con mucha atencion el razonamiento que
vuestra merced le mando hacer por su interprete hallandose
presentes tres Padres Religiosos de la Compañía
de Jesus y del Padre Juan de Ocampo y Medina cura
y beneficiario de estas provincias de los indios naturales
de ella y Vicario de esta dicha Villa"
Las causas de las disensiones entre
los encomenderos y los jesuítas fueron, según
el Visitador Padre Durán, las siguientes: La
mayoría de los indios de San Ignacio y Loreto
estaban dedicados al servicio de los españoles
de la ciudad, conforme a mercedes otorgadas. Cada
uno tenía obligación de servir dos meses,
pero los encomenderos querían que fuera por
todo el año, y los jesuítas, "como
buenos pastores", les defendían procurando
que sirvieran nada más que como manda el Rey.
El Gobernador providenció con
mucha cautela ambas peticiones: dispuso suspender
la tramitación del expediente de los caciques
"hasta tener aviso de su magestad y de su real
audiencia y que interin asista en su provincia y acuda
a la frequentacion de la doctrina christiana en la
reducción que los padres de la Compañía
de Jesus tienen hecha en ella y les de todo el favor
y ayuda que se le ofreciere y que de esta petición
y proveimiento se saquen los tantos que fueren menester
para que se despachen al real consejo y audiencia
real".
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*Nota:
Todos los escritos en los cuadros fueron extraídos
de la obra "El Guairá, Historia de la
Antigua Provincia" del autor guaireño
Ramón
I. Cardozo.
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