Gumersindo Ayala Aquino

Gumersindo Ayala Aquino: Poeta, músico y compositor guaireño, nacio en Villarrica el 13 de enero de 1910 y fallecido en Asunción el 29 de febrero de 1972- era ya un hombre maduro.
 
Con su trío Guaireños (con Luis Osmer Meza -quien con el tiempo sería el universal Luis Alberto del Paraná- y Digno García), que luego pasaría a ser conjunto Los Guaireños, había recorrido buena parte de Latinoamérica. Antes de recorrer los diversos aires, había estado en la capital argentina (1), en la década de 1930, junto a los grandes de la música paraguaya, incluyendo al maestro José Asunción Flores, cuya orquesta _Ortiz Guerrero_ integró.
 
En Venezuela había anclado por algún tiempo como docente de la Escuela Superior de Música de San Cristóbal, en el Estado de Táchira.

Cuando regresó a Asunción tenía ya más de 50 años. Pese a recorrer tantos caminos, su corazón seguía sin dueño definitivo. Estaba aún a la espera de la musa inspiradora que cautivara para siempre su espíritu andariego y lo retuviera en una geografía sin puertos para partir de nuevo.
 
En julio de 1962 ocurrió un episodio que cambiaría el rumbo de la existencia del artista guaireño. Trabajaba por entonces en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones. Era su compañero de trabajo y amigo el escultor Báez Rolón. Con él se fue un día a la Alfarería Guida -de Víctor Guida-, ubicada en el kilómetro 18 de la ruta II. Razones de trabajo eran las que les llevaron, pues el artista plástico le hacía los moldes al alfarero. Dio, sin embargo, la casualidad de que era el cumpleaños del dueño de casa.

Allí, por primera vez, se vieron Gumersindo Ayala Aquino y la profesora Georgina Ester López, docente del sexto grado de la Escuela General Díaz, de Asunción. "Era en vacación de invierno. Yo estaba invitada allí, pues era muy amiga de la familia. Él y su amigo cayeron por casualidad al lugar. Invitados a comer, intercambiamos algunas miradas. Yo cantaba guaranias, él recitaba", recuerda doña Ester.

La maestra regresó en colectivo a su casa, en la Capital. Gumersindo, ni corto ni perezoso, la acompañó. Conversando, ella le contó que necesitaba una foto del poeta Eloy Fariña Núñez. Él le dijo que tenía una y prometió poner a su disposición, entregándole una tarjeta personal con la dirección de su oficina.
 
"Después conseguí lo que andaba buscando y no hubo necesidad de recurrir a quien me había ofrecido con tanta amabilidad su cooperación. Un día, estando en el colegio, mi directora me avisó que tenía una llamada telefónica de mi profesor. Yo seguía estudiando y había faltado a una clase de investigación en el Archivo Nacional. Pensé que me iba a reclamar esa ausencia. 'Buenas tardes, profesor' saludé. Desde el otro lado de la línea escucho: 'Ya quisiera ser su profesor'. Era, había sido, Gumersindo, quien me invitó a tomar un cafecito en el centro", cuenta la viuda del poeta.
"El romance se puso en marcha. Sin embargo, yo estaba de novia con otro, a punto de casarme. Dudaba, sin embargo, de mi candidato. Supe que le había embarazado a otra chica. Rompí entonces mi compromiso, le llevé su anillo y me quedé libre. Luego, todo fue tan rápido con Gumersindo, que el 18 de diciembre de ese mismo año ya nos casábamos", rememora.

Tras la boda, la pareja viajó a San Pablo, Brasil, donde el escritor tenía el compromiso de traducir al guaraní una obra del poeta persa Omar Kayan.
 
"Estuve apenas unos días con él y luego volví a Asunción. Él se quedó y en mi ausencia, en enero de 1963, me escribió y le puso la música a Ndavy'áigui apurahéi, que grabó el conjunto de Papi Meza. Era la voz de su nostalgia hacia mí. Yo después regresé de nuevo junto a él, pero volví otra vez a Asunción, hasta que después ya vino a quedarse conmigo", concluye doña Ester, quien tuvo tres hijos con su marido: Francisco Solano, Víctor Paraguay y Gumersindo Jorge.

Ndavy'áigui apurahéi (*)

Aguapy ne pore'ÿme
ndavy'áigui apurahéi
hi'ãitégui ajohéi
che ñe'ãgui ñemboasy
ha añandúko che jopy
hatãite ko che ñe'ãme
ha mante che resa'ãme
rohecha jey jey.

Ha ha'e che py'apýpe
oime pipo che kamba
che rehe imandu'a
mombyrýma chehegui.

Ha'eténte ahendúva
ne ñe'ê mbeguekatu
ha upéva oikutu
hatãite che py'apy
ha ou pe vy'a'ÿ
oikepa che apytu'ûme
techaga'u ypytûme
ajechágui tyre'ÿ.

Ha ha'e che py'apýpe
oime pipo che kamba
che rehe imandu'a
mombyrýma chehegui.

Che añoite ne pore'ÿme
ndavy'ái, che tapere,
che ñe'ã operere
nderehe che mandu'a
ha aipyhy che mbaraka
ainupãvo purahéipe
che moîva yuhéipe
vy'a'ÿ akãhãtã.

Ha ha'e che py'apýpe
oime pipo che kamba
che rehe imandu'a
mombyrýma chehegui.
Letra y música: Gumersindo Ayala Aquino
(*) Letra publicada por Ocara Poty Cué Mí. Asunción, abril de 1972. Nº 218.
(x) Del diario ÚLTIMA HORA (EL Correo Semanal), 6-7 de marzo de 2004 (Asunción, Paraguay)
Mario Rubén Álvarez
alva@uhora.com.py

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